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MARSELLA E9. UTOPÍAS

Creada el 21 de noviembre de 2018 a las 21:55 por MaasJuan - guille - vallecillos - AgatheRIO - CarmenCabello - soniaplieme - pacobayona - Jozef

Proyecto: Urban Games 2018
Tema: Urban Game 9. Utopías
Coordinadores: abarca dacama

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Descripción

Solución urbana a una catástrofe colosal que busca una mejora de la antigua Marsella.

 

Marsella, Francia, 20 de Mayo de 2067:

Ya fue tarde cuando nos quisimos dar cuenta. A aquellos que lo anunciaban no se les escuchaba, hasta que llegó el momento en el que incluso los más excépticos tuvieron que retractarse y asumir lo que estaba ocurriendo. No fue una invención, el calentamiento global existe, y nos toca asumir las consecuencias.

 

 

Un tercio de la superficie terrestre ha quedado sumergida bajo el ahora implacable mar. Venecia, Sidney, Boston, Taipei... fueron ciudades que actualmente solo viven en nuestros recuerdos. Se negaban a ver la realidad, por lo que no les dio tiempo a reaccionar. Otras ciudades, inlcuso estados enteros, no tenían los suficientes recursos como para poder actuar, y sufrieron las mismas consecuencias.

Sin embargo, hubo quienes asumieron la desgracia y se pusieron manos a la obra. Es aquí donde entra Marsella, una ciudad por la que, debido a su situación geográfica, nadie apostaba. Y aquí me hallo, disfrutando de las vistas que esta ciudad me ofrece.

¿Que cómo han conseguido salvarse? Si te lo cuento no me creerías...

 

 

El nivel del mar crecía día tras día sin que nada se lo impidiese, por lo que tenían que actuar lo antes posible. Como solución rápida, pero efectiva, un gran dique construído a lo largo de la orilla impedía que el resto de Marsella se viese perjudicada. Eso sí, no les quedó otra más que asumir que el Antiguo Puerto, la Ópera, los distintos museos y todo lo que en su momento se beneficiaba de encontrarse a primera linea de costa, pasaría a ser historia.

Fue una desgracia, porque debido a la masificación del turismo, en esa pequeña franja se encontraban muchas viviendas, muchas edificaciones que, aunque tuviesen una alta densidad y se tratase de una superficie muy explotada, seguían siendo hogares para mucha gente. Una gran pérdida, pero que conlleva a una gran solución.

No se iban a quedar ahí. Mucha gente perdió su casa, estaban perdidos, buscándole un sentido a algo, sin resultado. Esto, sumado al gran crecimiento de la población que experimentaba todo el globo terráqueo, pedía a gritos un proyecto que pudiese acoger incluso al doble de habitantes de los que en su momento hacían vida allí.

 

 

Muy saturada estaba la ciudad como para añadirle más de lo que tenía, así que como solución drástica, pero efectiva, decidieron que aquella franja inundada tenía que ser aprovechada, había que recuperar el terreno perdido por el agua.

 

 

¿Islas flotantes? ¿Una ciudad sumergida? No. Si no era posible aprovechar la tierra, aprovecharían el cielo. Y así fué. Como si se tratase de una ciudad visitada por Marco Polo, desde el Antguo Puerto surgió lo que para todo el mundo era un iceberg, inmenso, el cual miraba a la ciudad, como si en cualquier momento fuese a devorarla. Un iceberg que impediría que las personas se olvidasen de los actos que llevaron a que los cascos polares se derritiesen y comenzasen a tragarse el suelo que pisamos.

 

 

De él, sutilmente, miles de hilos nacían para posteriormente morir en suelo firme, pero no sin una finalidad. Millones de guirnaldas se aferraban a los tirantes, unas solitarias, otras enganchadas entre sí, de distinto tipo, de distintos colores, pero que en conjunto encontraban la armonía. Fijándote bien, lo que venían siendo guirnaldas pasaban a distinguirse como viviendas, unifamiliares, colectivas, grandes, pequeñas, para todo los gustos.

 

 

Casas donde cualquier persona querría vivir, porque a diferencia de lo que era Marsella en ese lugar, cada una respiraba por todos lados, disfrutando del sol, de la ventilación y de las vistas en sus 360º. Nada que envidiar al resto. Además, su construcción permitía poder añadir más volúmenes, enganchándose en hilera, colgando de otros,... por lo que no supondría un problema la cantidad de personas que habría que acoger allí.

Lo más llamativo es el modo de conectar estos mini-hogares.

 

 

Del grande y macizo dique, el cual parecía impenetrable, se perforaron grandes accesos al mar, los cuales daban paso a un mundo submarino de grandes paseos y caminos, recorridos sinuosos, con ascensos y bajadas, salidas al exterior y al interior, imitando el movimiento de los delfines. En ese momento en el que el paseo bajo el agua sube y se convierte en un recorrido por el cielo, es donde se aprovecha la curva para comunicar las viviendas. Muchas ramificaciones permiten la fácil conexión, además de que entre las mismas viviendas se permite el movimiento, tejiendo una gran tela de araña que permitiría desplazarte por varias vías para llegar al mismo punto.

 

 

De ese modo se vincula la experiencia en el aire con la experiencia en el mar, pudiendo ver la Marsella inhundada como si de la Atlántida se tratase, y así evitar que caiga en el olvido.

 

 

Pero aun de este modo, no se recuperaba lo que en su momento significaba esa zona, un gran punto de conexión, de importancia sigular, turístico, lleno de centros culturales, experiencias gastronómicas, actividades de ocio... Es decir, un lugar de interés para todos.

 

 

Había que recuperarlo, así que el gran iceberg, en el cual confluyen todos los tirantes de viviendas, acogería a su vez el centro neurárgico y social de la zona. Accediendo desde el aire o desde el mar, en su interior se albergaría las distintas actividades que harían de él un sitio donde la gente querría ir, de forma que también se consigue que aumente el valor y el interés por las viviendas colgantes...

 

 

... y hasta ahora. Marsella disfruta nuevamente del esplendor, a nivel turístico y social, que antiguamente tenia en esa área.

 


Comentarios

juanjomarin 4 de diciembre de 2018 a las 01:15

En primer lugar una gran historia! Me parece bastante adecuada la idea de volver a recuperar el terreno al mar sin crear grandes islas donde se volverían a construir los típicos modelos de viviendas pasando así a un nuevo estilo de vida con las casas colgantes. Por último, también decir me gusta mucho la idea de utilizar el gran dique para que sea el nuevo centro de la ciudad y poder fomentar el turismo y el comercio mientras se mantiene en todo momento presente la historia de la vieja Marsella


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