Diálogos

Creada el 14 de Octubre de 2020 a las 19:53 por Saul_mogar

Proyecto: Urban Games 2020
Tema: Diálogos
Coordinadores: abarca dacama

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Diálogos sobre las lecturas comentadas en clase.

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01. Por una Barcelona menos mercantilizada y más humana

El texto nos presenta un claro manifiesto por la reestructuración de la capital catalana a raíz de la pandemia del COVID-19. Es interesante repensar las ciudades desde esta nueva perspectiva, apuntando hacia una dirección mucho más humana en el sentido de cómo vivimos las ciudades.

La presencia de espacios comunes, zonas verdes, menos vehículos... Va a ser de especial relevancia en los próximos años de la arquitectura y el urbanismo. Es importante también introducir en este nuevo pensamiento la necesidad de “ciudades ecológicas”, las cuales se pueden compaginar sin problema con las urbes anti-pandemias que ya se están empezando a estudiar.

En los próximos años será imprescindible atender a las distintas problemáticas que este texto nos presenta (problemática social, urbanística, ecológica y económica), sin embargo, aunque la ciudad sea más humanizada y ecológica, la responsabilidad individual de las personas en temas de transporte, consumo, contaminación, etc. va a ser siempre el factor clave para avanzar hacia una sociedad más consciente.


01. Una ciudad igual pero totalmente distinta

El mundo está cambiando muy deprisa, y las nuevas generaciones lo saben. Estamos comenzando a ver propuestas arquitectónicas y urbanísticas fuertemente influenciadas por la tecnología y la necesidad de mejorar el medio ambiente.

Es innegable que hay que repensar nuestras ciudades, teniendo en mente siempre una perspectiva ecológica y responsable. El cambio en el uso del transporte ya se está sintiendo en muchas ciudades (la implantación de las “supermanzanas” en Vitoria y Barcelona es prueba de ello), así como está cambiando también el uso que hacemos de nuestras urbes.

Sin embargo, es importante debatir sobre si las ciudades del futuro se acercan más a la idea de utopía o distopía. Para responder a esta pregunta es necesario pensar en cómo han de cambiar nuestros barrios (¿se le debe dar más importancia al peatón o al coche? ¿Se prefiere una gran densidad demográfica o tendrán preferencia los espacios públicos?) y la forma en la que los vivimos (¿se dará prioridad a los espacios de habitabilidad mínimos, o comenzará una gran desurbanización de las grandes capitales hacia las afueras?).

Si bien todas estas preguntas van a necesitar años de reflexión y ensayo y error, es indudable que nuestras ciudades deben empezar a depender más en energías renovables y ser mucho más verdes, pero esto ya es algo que viene en el pensamiento de los urbanistas más jóvenes.


01.  ¿Qué ha sido del Urbanismo?

Hoy en día estamos viendo como el urbanismo se ve peligrosamente amenazado por cuestiones como la sobrepoblación y la especulación. Es necesario concienciarnos de la necesidad de un cambio en la manera de concebir y vivir las ciudades, y quizás ese cambio esté en el pasado.

 

Las ciudades clásicas se caracterizan por tener una muy buena planificación y estar adaptadas a la vida humana (no como hoy en día, que parece que somos nosotros los que nos tenemos que adaptar a las ciudades). Puede que la solución a la problemática urbanística del s. XXI se resuelva de manera empírica, transportando las buenas cualidades de estas ciudades clásicas, pero siempre combinándolas con las tecnologías actuales y teniendo en cuenta las problemáticas modernas.

 

Es hora de concebir las ciudades como utopías, definidas por su urbanismo y llevadas a cabo por la arquitectura de sus edificios. Esta última cuestión es imperativa también para un desarrollo urbano sostenible: la arquitectura y el urbanismo deben ir de la mano para alcanzar esa utopía que se lleva buscando desde hace siglos.

 

Por último, es necesario reflexionar sobre la siguiente pregunta: “¿Y si […] redefinimos nuestra relación con la ciudad no como sus hacedores sino como simples sujetos colaboradores?”. Se vuelve a hacer visible la necesidad de sentir la ciudad y no de pensarla o planificarla de manera deshumana (algo que se ha criticado durante años al Movimiento Moderno).


01. Utopía

La ciudad como utopía es el objetivo último del urbanismo. En esta historia se nos presenta una sociedad que vive una vida casi monacal y cercana incluso a los ideales socialistas/comunistas. Entramos así en el siguiente debate: ¿vivimos en una sociedad que nos lleva lentamente a esa utopía? ¿O nos acercamos cada vez más a una distopía?

 

La planificación de las ciudades se ha ido adaptando poco a poco a la necesidad capitalista del planeta, creando autopistas y carreteras para agilizar el transporte, centros financieros para mejorar la economía, centros gubernamentales para controlar de alguna forma a la sociedad… Y es todo esto lo que nos hace darnos cuenta de la necesidad de cambio en nuestra manera de vivir.

 

Esto se ha hecho más evidente con la pandemia del COVID-19, la cual ha cambiado por completo la economía y la forma de vivir de todo el planeta. Ahora más que nunca es cuando nos debemos replantear el sistema de sociedad que queremos llevar a cabo. Quizás en esa respuesta no entre el capitalismo, el comunismo, ni ningún otro sistema ya conocido. Quizás la respuesta esté aún por descubrirse.

 

Pero cada día nos damos cuenta de la necesidad de una civilización más humana, desligada de las ataduras contemporáneas que perpetúan las ciudades modernas. Quizás esa sea la verdadera utopía, quizás con el urbanismo podamos llegar a ella.


01. El urbanismo y las lámparas de la arquitectura

Desde las propuestas urbanísticas del s. XIX hasta los proyectos de los urbanistas más jóvenes de estos últimos años, hemos visto siempre una cierta búsqueda inclusión social y comunicación (muchas veces se opone incluso al impulso económico de las propias ciudades). A día de hoy, el debate de plantear urbes mejor adaptadas al ser humano sigue abierto.

 

Para conseguir esto, el urbanismo siempre ha tenido en cuenta cuestiones muy importantes relacionadas con el lugar de asentamiento de la ciudad, algo que se le puede reprochar muchas veces a la arquitectura e incluso a ciertos movimientos del s. XX. Bien es cierto que la arquitectura ha servido como medio para simbolizar una época o cultura, y es necesario proteger y generar eso, pero para ello es imperativo que el urbanismo la vincule con su lugar y tiempo correspondientes.

 

Además de esto, es interesante ver la arquitectura y el urbanismo como herramientas utilizadas para resolver ciertos problemas sociales o económicos (ya se ve claramente en las mencionadas propuestas urbanísticas decimonónicas), pero no siempre son capaces de garantizar soluciones. Respecto a esto ha surgido en los últimos meses un debate que me parece cuanto menos interesante: la okupación.

 

La okupación es un movimiento social surgido como respuesta ante la incapacidad de los gobiernos (y en definitiva del urbanismo y las ciudades) de garantizar una serie de servicios y/o derechos básicos a ciertas personas. Si bien sigue siendo un problema social que requiere de una solución, muchas veces se tiende a obviar los beneficios de este movimiento, como la creación de parques y huertos urbanos o la instalación de centros sociales por parte de los okupas. Un ejemplo de ello es el Can Masdeu, un antiguo hospital convertido en centro social organizador de diversas actividades y creador de multitud de espacios urbanos. Esto también es urbanismo, reflejo fiel de la sociedad contemporánea y sus diversas problemáticas.


01. La utopía, la ciudad y la máquina

El texto nos presenta la idea de la ciudad como reflejo de la humanidad, por tanto, una ciudad utópica no sería más que una humanidad utópica, basada en una máquina social de la cual cada uno de nosotros somos un engranaje.

 

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿existe realmente una humanidad utópica global? ¿Cuáles son las bases éticas de dicha utopía? ¿Algún día llegará esa sociedad soñada?

 

Es el momento de darnos cuenta de que el urbanismo no es más que un vehículo que nos puede hacer llegar a dicha utopía, pero realmente el cambio se debe producir en nuestra forma de vida, en la forma de trabajar de es “máquina social” de la que somos parte.

 

También es clave entender que no puede existir una utopía global que satisfaga a todos, la subjetividad siempre va a estar presente, por lo que la ciudad se tiene que adaptar a las costumbres y tradiciones de cada lugar y época (esto es algo que se logra en colaboración con la arquitectura).

 

Por tanto, es imposible decir si esa utopía llegará algún día o si ya ha existido en un pasado, puesto que nuestros ideales y bases éticas estas sometidas a un constante cambio y revisión.


02. El arte de planificar el sitio

El diseño urbanístico es un complejo sistema proyectual en el que intervienen multitud de factores. Además, es un proceso empírico y reiterativo, consciente de su necesidad de renovación y cambio estético a lo largo de los años.

 

Hemos aprendido que el emplazamiento de una ciudad nos puede decir mucho de su historia, así como puede ser de gran utilidad para la vida cotidiana. Por ejemplo, una ciudad con cuestas fue útil para defenderse en épocas de guerras, pero también facilita el abastecimiento del agua, así como su posterior saneamiento. También es importante hablar del cambio climático cuando mencionamos el emplazamiento, ya que se está viendo como zonas costeras se están comenzando a inundar como consecuencia de él, pareciendo casi como que el mar intenta recuperar su espacio original (sin embargo, Venecia es un claro contraejemplo, siendo una ciudad dotada de una tecnología depurada que le está permitiendo evitar las tan indeseables inundaciones que han sido constantes durante años).

 

Además del emplazamiento, está comenzando a ser muy importante la implicación de la propia comunidad en el proceso proyectual (ya se han visto varios ejemplos como la renovación Byker en Newcastle-Upon-Tyne), algo que puede parecer tedioso y complicado en muchas ocasiones, pero que a la larga tiene consecuencias e impactos muy positivos.

 

En general, hay que entender el urbanismo como una concatenación de proyectos que intensifican la relación espacio-época-habitantes, siguiendo una serie de objetivos comunitarios y necesarios, que si bien pueden cambiar a lo largo del tiempo, van a ser necesarios para su posterior aprovechamiento en los futuros diseños urbanísticos.


02. Especies de espacios (la calle)

Es interesante entender esta lectura como una descripción sensible e, incluso, infantil de la calle, ese trozo de ciudad que muchas veces pasamos desapercibido. Llama la atención la descripción de cada uno de los detalles de una escena cotidiana y como se indaga tanto que, al final, “no pasa nada”.

 

Al contrario de lo que pueda parecer, considero este ejercicio de descripción pormenorizada increíblemente difícil, surgiéndonos cientos de preguntas como ¿está la ciudad bien adaptada al ser humano? ¿Y a las personas con minusvalías? ¿El coche ha tomado más presencia en las ciudades que nosotros?

 

Sin embargo, todas estas preguntas se resumen en una general: ¿cambiará en un futuro próximo esta descripción de la calle (y por extensión la de la ciudad)?

 

Es una pregunta de difícil respuesta ya que la ciudad y la calle están en constante cambio, cada segundo nos encontramos con escenas completamente distintas que nos dicen algo diferente. No obstante, debemos hacer el esfuerzo de llevar a cabo estos análisis pormenorizados para darnos cuenta de dichos cambios, además de las necesidades y/o carencias que se presentan para que, en un futuro, sirvan como objeto de análisis en el proceso de diseño urbanístico.


02. Los ejes en el proyecto de la ciudad

Las ciudades se pueden entender también, de una manera más funcional, como zonas geométricas definidas por una serie de figuras diferenciables. Dentro de estas figuras nos encontramos una especial: el eje.

 

El eje ha servido históricamente como una forma de organizar, estructurar y ordenar la ciudad. Se encuentra presente, sobre todo, en las ciudades recientemente proyectadas (Camberra, Brasilia, etc.). Hay quien ve dichos ejes como una manera de “embellecer” el espacio urbano, en contraposición del crecimiento como mancha de aceite de las ciudades más antiguas. Sin embargo, la componente subjetiva siempre juega un papel importante en este tema. Bien es cierto que la estructuración por ejes de la ciudad crea una cierta jerarquía interna muy útil a la hora de ordenar un territorio, pero además pueden servir para crear visuales urbanas.

 

En general, para el futuro del urbanismo los ejes siempre van a ser una herramienta disponible para la ordenación territorial, pero siempre es preferible explorar otras opciones que, quizás, se adapten mejor a la orografía o, incluso, a la tradición del territorio (elementos bioclimáticos artificiales, ríos, lagos, plazas…).


03. Unwin: para un urbanismo particular

Nos volvemos a encontrar con la escisión del urbanismo en urbanismo formal, más atento a las cuestiones funcionalistas y legales, y urbanismo informal, más pendiente de la importancia del emplazamiento y el contraste.

 

Sin embargo, todo se resume en la necesidad empírica de vivir nuestras ciudades y plantear un modelo de urbe más humano, centrado en la resolución de problemas y el orden proyectual más que en el funcionalismo arquitectónico, el estructuralismo urbanístico o los detalles en el proyecto.

 

Debemos de tener en cuenta la obsolescencia de ciertas características urbanas que, muchas veces, no funcionan tras cierto tiempo. Hoy en día es muy importante tener una densidad demográfica alta en las grandes ciudades, algo que en las urbes clásicas no era así.

 

Por último, hay que aprender a combinar los aspectos formales que he mencionado al principio con las necesidades humanas de la era moderna, siendo estos primeros una manera de guiarnos hasta la resolución de dichas necesidades.


03. La ciudad no es un árbol

El debate de si una “ciudad natural” es mejor que una “artificial” siempre ha estado lleno de subjetividad personal, pero en realidad hay que saber apreciar los puntos fuertes de cada una.

 

La primera puede potenciar una mejor relación social entre sus habitantes, generando elementos superpuestos que generen interdependencia, muchas veces necesaria para su correcto desarrollo. El texto nos introduce los ejemplos de los niños que juegan, la vida universitaria o la pequeña industria. No obstante, considero que este tipo de ciudad, asociado muchas veces a las ciudades clásicas de la historia, necesita una abstracción conceptual que se debe reinterpretar y adaptar a la vida moderna.

 

Por otro lado, las “ciudades artificiales” cuentan con una cierta planificación que puede acelerar o simplificar la rutina cotidiana. Además, considero que cuentan con una estructura muy acertada para ciertas situaciones como, por ejemplo, una pandemia. Este tipo de ciudades podrían ser fácilmente controlables para contener cierta enfermedad.

 

En general, se hace necesario repensar la estructuración de las ciudades para crear una forma de vida más simple que el semirretículo, pero más humanizada que el árbol. Al final, nuestra propia vida es un semirretículo al cual ha de adaptarse la ciudad, pero siempre buscando la simplicidad y la funcionalidad estructural de la misma.

 

CIUDADES ARTIFICIALES CIUDADES NATURALES
Facilitación y aceleración de la rutina diaria. Potenciación de las relaciones sociales.
Facilidad para controlar ciertas situaciones  como pandemias. Necesidad de abstracción para su adaptación a la ciudad moderna.
Elementos aislados o unos dentro de otros. Elementos superpuestos e interdependientes.

03. La piel de las ciudades

A día de hoy, no es sorprendente ver como la mayoría de las intervenciones urbanísticas y arquitectónicas que se llevan a cabo en las ciudades son basadas en ciertos intereses económicos y/o políticos.

 

Es el momento de analizar detenidamente la estructura superficial de las ciudades (epidermis) para encontrar, examinar y resolver los problemas existentes en ella. Vuelve a surgir la necesidad de experimentar el urbanismo, cuya vivencia nos puede aportar las características cualitativas de ciertos espacios. En eso se basa el propio método empírico.

 

A parte, debemos ser capaces de analizar con detenimiento las distintas “cosas urbanas” dentro de la ciudad, las cuales han de ser introducidas en el proyecto urbanístico, capaz de contribuir en la epidermis urbana aportando ciertas experiencias físicas y sensoriales. Todo esto se relaciona en parte con el relato de “Especies de espacios”, el cual analiza de manera pormenorizada cada uno de los elementos que, en nuestro día a día, pueden parecer triviales.

 

En definitiva, hay que aprender a leer las ciudades, incluso sus elementos aparentemente inconexos para poder sacar conclusiones y soluciones acertadas.


03. La gran ciudad

Nos encontramos en un mundo lleno de grandes ciudades, caracterizadas por una gran desorganización, cuya raíz viene de un sistema económico surgido del imperialismo capitalista que le da mucha más importancia al desarrollo económico y político que a la verdadera problemática social moderna.

 

Por tanto, podemos llegar a la conclusión de que el verdadero problema de las ciudades actuales reside en su propio origen y no en su estructuración urbana.

 

Desde el siglo XIX hemos visto multitud de propuestas urbanísticas que buscan paliar dichos problemas, y el texto nos presenta dos proyectos destacados: la propuesta de Le Corbusier para una gran ciudad para tres millones de habitantes y la propuesta de Ludwig Hillberseimer para una ciudad de un millón de habitantes.

 

Ambas comparten una preocupación común por dos problemas fundamentales de las ciudades modernas: el problema de la vivienda (sobre todo la vivienda del proletariado) y el problema de la circulación y el tráfico. Aunque puedan parecer conflictos inconexos, no lo son y hay que tener eso en cuenta. Por desgracia, ambos proyectos cuentan con inconvenientes como la segregación social o pérdida de escala en el caso de Le Corbusier o la falta de humanización urbana en el caso de Ludwig Hillberseimer, surgidos a raíz de la intencionalidad ordenadora más que solucionadora de ambos proyectos.

 

Por otra parte, es interesante reflexionar sobre la utilidad de la “ciudad vertical”, realmente más afín a la necesidad de alta densidad demográfica actual y más cercana al uso de las tecnologías más recientes, en contraposición de la “ciudad horizontal” clásica.

 

A la vista de estas preocupaciones, solo nos queda preguntarnos ¿cómo se puede crear una gran ciudad que resuelva las problemáticas sociales y de desplazamiento mientras se atienden favorablemente las cuestiones económicas y políticas de cada lugar?


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