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Ordenación del recinto industrial de Can Ribas - Palma de Mallorca

Creada el 15 de diciembre de 2013 a las 19:58 por jafs

Proyecto: Urban Games 2013
Tema: Recursos
Coordinadores: abarca dacama

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Descripción

El derribo selectivo de las naves de una antigua fábrica transforma el recinto industrial en un nuevo complejo público que se convierte en central dentro del barrio obrero que nació a su alrededor

 

ESTADO ANTERIOR

La fábrica de mantas de lana de Can Ribas abrió en 1851, en un territorio rural de los alrededores de Palma, donde por aquel entonces solo había el convento de la Virgen de la Soledad. El recinto industrial, que alcanzaría una extensión de hasta seis mil metros cuadrados distribuidos en varias naves, llegó a tener una plantilla de cuatrocientos trabajadores. La mayor parte vivían en casas precarias que fueron construyéndose en torno a la fábrica y que dieron lugar a una barriada extramuros conocida, como el convento, con el nombre de La Soledat. A principios del siglo XX, con el advenimiento de otras factorías como Can Roca o Maquinària Agrícola Janer, La Soledat se convertiría en uno de los principales sectores industriales de Mallorca, un barrio popular, vivo y bullicioso. 


Sin embargo, la crisis que durante la segunda mitad del siglo XX golpeó a la industria textil europea no hizo excepciones con La Soledat. Can Ribas cerró en 1960 y las demás factorías fueron quebrando. El barrio se sumió en un periodo de decadencia económica y marginalidad social que ha durado hasta hoy. La precariedad de las viviendas, la abundancia de callejones sin salida y la ausencia de equipamientos, zonas verdes y comercios empeoraban la situación. Inactivos y cerrados dentro de sus muros perimetrales, los recintos industriales que la habían nutrido eran ahora un gran estorbo para la continuidad de la trama urbana.

 

OBJETO DE LA INTERVENCIÓN

Con el cambio de siglo, la Concejalía de Vivienda del Ayuntamiento de Palma promovió un plan especial de reforma interior del barrio de La Soledat. El plan contemplaba ampliar la calle Brotad, límite oriental del recinto de Can Ribas, para construir más de ciento sesenta viviendas en régimen de alquiler social. Había que prolongar la vía hasta la calle Manacor, con el fin de conectar La Soledat con el ensanche que la flanquea por el norte. También había que unir Brotad con la calle Caracas, límite meridional de la fábrica que pondría el barrio en relación con la fachada marítima y el Polígono de Levante. La operación suponía derribar el muro perimetral de la fábrica de Can Ribas, reformar sus naves para convertirlas en equipamientos y transformar sus espacios intersticiales en zonas verdes. En definitiva, debían ponerse en valor los elementos patrimoniales de la industria que originó el barrio para que dejara de ser un tapón y se convirtiera en un centro articulador.

 

DESCRIPCIÓN

El estallido de la crisis y un cambio de legislatura obligaron a la Concejalía de Vivienda a contener temporalmente las previsiones de su plan. De las ciento sesenta viviendas inicialmente previstas, se iniciaron los trabajos de derribo para ubicar unas cuarenta en el sector sur-occidental del recinto de Can Ribas, donde las naves preexistentes presentaban mayor fragmentación formal y menor valor patrimonial. Las viviendas cerrarán por el sur una nueva plaza, ya urbanizada y presidida por la antigua chimenea de la fábrica, que ha sido rehabilitada. 

El lado norte de la plaza está flanqueado por las testeras de las dos únicas naves catalogadas del recinto, que también se han restaurado para poder construir en ellas, en un futuro, dos equipamientos públicos. La nave mayor, que, con unos sesenta metros de largo, alojaba la antigua sala de telares, debe acabar conteniendo un centro de interpretación de la historia de Can Ribas. La pequeña, en la que había la caldera central de la factoría, será previsiblemente un centro cultural. 

Por su lado, las dos naves que daban frente a la calle Brotad ─y que no estaban catalogadas─ han quedado afectadas por la ampliación de la vía. Sus crujías, de unos cincuenta metros de largo y antiguamente coronadas con cubiertas a dos aguas, han sido sometidas a un derribo selectivo que las ha partido por el eje de cumbrera y ha dejado solo una mitad. Esta operación ha provocado que la nave situada más al sur, antiguamente usada para secar la lana, se haya convertido en un porche que se soporta gracias a la presencia de una hilera de pilares de fundición que resigue la calle. El porche, que permite dar cobijo a ferias y actos públicos, se abre hacia la calle Brotad y cierra la plaza de la chimenea ofreciéndole una cuarta fachada. De la nave del norte, ha quedado solo la fachada oriental y un tramo de cubierta. El segundo ha perdido las tejas y se ha convertido en una pérgola de rastreles de madera, mientras que la primera define con la sala de telares un corredor descubierto directamente embocado a la chimenea de la plaza.


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