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Creada el 7 de Enero de 2021 a las 13:25 por SraUrre

Proyecto: Urbanismo 3_2020
Tema: Artículos
Coordinadores: dacama

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Reflexión artículos

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REFLEXIÓN CONJUNTA:

00_01_La Gran Ciudad, Otto Wagner. 1911

00_02_La ciudad necesita de todos nuestros cuidados. Gómez Ordóñez, José Luis. 1999

00_03_La arquitectura de la Gran Ciudad, Hilberseimer. 1927

 

Primeramente, comentar que estos tres artículos fueron redactados en diferente marco temporal, por lo que su contenido es acorde a la época de sus autores. Esto tiene mucho que ver en cuanto a la manera en la que tratan de actuar sobre uno de los problemas emergentes en el urbanismo, las grandes ciudades.

Otto Wagner, en 1911, se enfrenta al “comienzo” del crecimiento de las ciudades como consecuencia de la inmigración de las poblaciones rurales a las urbes debido a la industria; dentro de un entorno de donde ya se habían formulado iniciativas hacia la construcción de ciudades y donde él pretende hacer un hueco entre los ingenieros a la figura del arquitecto, que hasta ahora solo se encargaba de diseñar y construir edificios. Poner el arte al servicio de todos.

Se trata pues de un ambicioso Plan Regulador que trataba de resolver los problemas de la expansión futura y normativas mediante la poderosa herramienta del ARTE, que “ha de adaptar el ambiente urbano al hombre que ese preciso momento lo habita”.

Pero esta propuesta no solo era llamativa por la cantidad de consideraciones que tenía en cuenta para crear el conjunto urbano, sino que, además se adentraba en los aspectos económicos para su propia financiación mediante la compra de terrenos sin edificar para su posterior venta a particulares y así poder reservar los espacios necesarios para los servicios y frenar la especulación urbanística y el crecimiento descontrolado.

Gómez Ordóñez lanza la mirada desde un siglo XX ya pasado, un siglo lleno de grandes progresos, pero también de grandes catástrofes. Desde comienzos del mismo ya se auguraban miedos hacia la rápida industrialización y hacia el aumento de los deseos individuales, “de segunda necesidad”. Y pues, como consecuencia, a mediados de siglo la población de las ciudades había crecido notablemente por la llegada de masas en busca de una mejor vida alejada del campo, efectivamente, en busca de esas necesidades secundarias convirtiéndose así en ciudades de individualidad extrema.

En concordancia con lo que opinaba Wagner sobre pensar en función de cada momento, Gómez Ordóñez también habla sobre la importancia de la evolución del marco físico de la vida social a lo largo de la historia, del entendimiento del tiempo, del cómo se han creado esas ciudades y cuáles son los valores que la caracterizan y la hacen diferente. En su discurso, éste autor clasifica el proyecto de Wagner como funcionalista, un funcionalismo en constante tensión con la belleza y la estética, donde ambos son necesarios para la construcción de la ciudad. Utilidad y belleza, inseparables.

Ambos hablan igualmente de un crecimiento autosostenido, de obtener ganancias para luego financiar los proyectos que mejoren el espacio colectivo y público. De igual manera, los proyectos han de hacer partícipes a la población, han de ir en búsqueda de la mejora del medio ambiente urbano, de las necesidades absolutas, de la calidad de vida, del tiempo libre, de la libertad…

El contexto histórico en el que Hilberseimer plantea su Gran Ciudad, es completamente diferente, es un periodo en que se está inmerso en la internacionalización, en la acumulación de capital, en la economía. Un momento de la historia de la arquitectura, que en mi opinión se pierde un poco el que debería de ser el objetivo primero de una ciudad, la calidad de vida y de la vivienda.

Hilberseimer trata de dar una respuesta objetiva a las condiciones socioeconómicas de su época y a los sistemas constructivos industrializados mediante una metodología proyectual para las grandes metrópolis futuras. Sus ideales abogan por un sentimiento de comunidad y esto se ve reflejado, en su proyecto de Ciudad Vertical, en la utilización del bloque de viviendas en sustitución de la vivienda individual, de forma que lo colectivo supera a lo individual. Además, plantea un sistema medieval de vivir y trabajar en el mismo edificio, y hacer de cada bloque una pequeña comunidad. En dicho proyecto también trata de resolver los problemas de la densidad y tráfico que habían estado tratando otros arquitectos como Le Corbusier.

Llama la atención ver como desde hace ya más de un siglo se estaba pensando en el modo de habitar y de vivir de los futuros habitantes, y como a día de hoy seguimos con el mismo problema, y a simple vista parece que no hay solución establecida en el mundo actual de capitalismo, consumismo y dinero rápido, arquitecturas para el HOY.

 

REFLEXIÓN CONJUNTA

01_03_ El proyecto de la conservación. Pier Luigi Cervellati.

01_04_ El problema del centro histórico. Giorgio Piccinato.

Ambos textos pertenecen al libro de “Los Centros históricos. Política y programas de actuación” de Francisco Ciardini y Paola Falini, impresión que pretendía aclarar los temas más importantes sobre la discusión “más actual” de la época en la que se publicó –años 80- , los centros históricos y la problemática en Italia.

Sobre los años 70 tuvo lugar una renovación del interés por estos centros históricos provocada por las sucesivas crisis urbanas y consecutivamente por el abandono de éstos. Es en el artículo de Luigi Cervellati donde primeramente se hace una introducción terminológica sobre el concepto de proyecto de conservación y de patrimonio histórico, algo que parece que hay que tener claro para llevar a cabo las actuaciones pertinentes, o por lo menos que sirva de base para arrancar con las propuestas. Es cierto que, en todo momento, creo que el libro se está refiriendo a las ciudades pre- industriales -aquellas que se consolidaron antes de las sucesivas revoluciones industriales, creadas lentamente con el paso del tiempo y de civilizaciones, antes de llegar al tiempo actual fugaz y capitalista- por lo que cabría reconsiderar algunas de las pautas a seguir, porque son numerosos los expertos que han investigado y escrito sobre el tema, como por ejemplo Joan Busquets en “Una nueva mirada al proyecto urbanístico”.

En la actualidad, las intervenciones y las necesidades funcionales y físicas “modernas” han modificado de manera clara la morfología de estas ciudades. Éste es el origen del problema según Giorgio Piccinato, la ruptura de la continuidad temporal y de propiedad de los centros históricos. Como hemos dicho anteriormente, las trazas fueron creadas lentamente y por la colectividad, y se ve como las intenciones comenzaron a cambiar para convertirse en lo opuesto, transformaciones de mayor escala con instrumentos poco tradicionales y además con intenciones privadas especulativas.

Con el objetivo de intentar resolver el problema, comenzaron a surgir las ideas y teorías sobre la planificación urbanística, ejecutadas según los casos de peor o mejor manera. Dichas intervenciones se organizaban en dos ramas, conservadora o intervencionista por así decir, los claros ejemplos y pioneros según Piccinato son los de París y Viena.

Ambas tendencias también fueron utilizadas para la reconstrucción de los centros históricos en las ciudades afectadas por la Segunda Guerra Mundial. En países como Polonia se instaura la norma de reconstruir los centros muy similares a la situación anterior, Francia y Bélgica, por el contrario, aprovecharon dicha situación para aumentar la densidad edificatoria, cambiar usos y realizar modificaciones de estructura.

Aunque las intenciones de dichas transformaciones fuesen buenas, el resultado generado no fue el esperado en algunos casos. La mejora de las condiciones de habitabilidad y salubridad llevaban consigo la demolición de edificaciones y la nueva construcción, por lo que barrios enteros eran eliminados y su población expulsada, en ocasiones engañada, como explicaba Jane Jacobs, a nuevos guetos en los extrarradios. Las renovaciones provocarían el alza de los precios del alquiler y, por tanto, lo que pretendía ser una mejora para la sociedad se convierte en la segregación de la misma.

Bolonia fue una de las ciudades que propusieron diversas alternativas para evitar el denominado efecto de “gentrificación”, entre ellas la de una posible gestión pública, la cual se consideró la única que podía llevarse a cabo para mantener esos objetivos sociales. De hecho, Luigi Cervillati comenta en su quinta fase que hasta la fecha todas las operaciones lo que hicieron fue separar los diferentes estamentos sociales, impidiendo a los menos pudientes permanecer en las zonas conservadas. Para ello propone una participación activa de los ciudadanos para ofrecer así más garantías en los métodos técnicos y en la elección de los usos más apropiados para las edificaciones y las zonas. El centro y el territorio histórico representan el bien público y pertenecen a la colectividad.

 

01_02_ Alegoría del patrimonio arquitectónico. François Choay.

Podríamos ligar este artículo con el de L. Cervellati en el momento en el que hablamos de preservar los valores existentes, los valores de la memoria y de la historia.

F. Choay habla del patrimonio construido refiriéndose no solo a las construcciones puntuales o a bienes construidos en épocas anteriores, sino que incluye en este concepto a las manzanas, barrios, pueblos o ciudades enteras.

Habla también sobre la memoria y sobre el modo de actuar sobre ella. Ésta influye directamente en las actuaciones que puedan llevar a cabo por ejemplo en los centros históricos. Vimos cómo durante un tiempo, los centros fueron orientados hacia otras funciones, lo creado por la colectividad se destruyó, y se llevaron consigo la identidad de dichos centros históricos. Es en esa identidad y el tiempo vivido donde está la esencia del centro histórico o de los barrios, y la gente es parte de ellos.

Pero al hablar de memoria no se está refiriendo a una posible conservación total de estas zonas y de sus estilos, sino que la interpreta como un hilo conductor hacia reinterpretaciones, y a seguir con las innovaciones estilísticas. En los centros han coexistido arquitecturas de diferentes épocas, y eso es lo que realmente ha enriquecido los centros históricos. Por eso mismo hay que continuar acorde con el tiempo, mantener la vida.

Es curioso como la cultura oriental no concibe los monumentos como testimonios del pasado, sino que trata de mantenerlos vivos más bien como testimonios del presente. De esta misma manera, la inserción de nuevas arquitecturas en los centros históricos puede ser positiva, pero claro, y esto ya hablando desde el punto de vista personal, siguiendo unas pautas y que no se trate de actuaciones que realcen de manera individual la figura del arquitecto.


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